El goce de comunicar. Entrenamiento en Habilidades Comunicativas

Primer entrenamiento del año en PBC Coworking el 31 de ENERO de 16h a 19h.

Seguro que tienes algo que comunicar a tu equipo de trabajo, a tus superiores, a tu familia… posiblemente tengas que presentar un proyecto, tu empresa, un producto o te han propuesto dar un discurso o estás pensando que dar charlas o talleres de formación es una vía factible a tu futuro profesional. Puede que ya estés en ello… ¿te gustaría hacerlo con total seguridad en ti y en cómo lo haces, disfrutando al máximo de la experiencia?

La comunicación es un ‘acto contagioso’ y es mucho mejor contagiar positividad y entusiasmo verdaderos que no aburrimiento. ¿Por qué? Porque está demostrado que en en condiciones de poder elegir si escuchamos o no, lo hacemos a quienes nos resultan más atractivos, entusiastas, naturales y creíbles.

De la misma forma que vamos al gimnasio y nos aconsejan técnicas para ser cada vez más eficientes en nuestras rutinas, la comunicación es una habilidad que se entrena con el mismo objetivo: ser cada vez más eficiente en nuestra capacidad de atraer, ser creíble, natural…

Comunicar de forma efectiva es un entrenamiento técnico y emocional: Sí sí; has leído bien, emocioanl también porque aquello que nos juega malas pasadas siempre son las emociones: miedo, nervios, complejos, bloqueos, inseguridades… y entrenar las habilidades comunicativas nos ayuda a ganar en autoconfianza y seguridad. Nos demuestra, además, que podemos enfrentarnos a nuestros miedos y vencerlos. Y, a medida que notamos esta mejora, la seguridad aumenta y también la satisfacción personal.

Somos seres profundamente sociales y buscamos el respeto, afecto y apoyo de los demás cuando nos exponemos ante ellos para comunicarles algo. Por esta razón, si no lo hacemos correctamente puede resultarnos traumático. Pero si lo conseguimos, la experiencia resulta tan satisfactoria que somos capaceds de comernos el mundo.

Así que, lo que te proponemos en este primer entrenamiento del año es:

  • ganar confianza
  • controlar tu lenguaje no verbal
  • ganar en atractivo
  • desarrollar la observación y la capacidad de improvisación
  • descubrir tu estilo comunicativo y potenciar tu propia voz
  • generar emociones positivas en ti y en tu audiencia
  • saber estructurar el mensaje de forma correcta, efectiva y atractiva
  • liderar en los procesos comunicativos

Y sobre todo APRENDER A DISFRUTAR y ser conscientes de que los nervios y el MIEDO cuando nos dirigimos a un grupo de personas que tienen sus ojos clavados en nosotros, es normal y NECESARIO. No vamos a decirte que pierdas el miedo, sino que lo conviertas en un activo, en un motor y en energía pura! ¿Te animas?

Imparte: Natalia Bravo Precio: 25€

Talleres de Expresión y Comunicación para Bachillerato

Las competencias comunicativas son probablemente, unas de las habilidades sociales menos entrenadas; sin embargo, son muy necesarias para todo lo que espera a los estudiantes en la Universidad, Formación Profesional y, principalmente, para su futuro personal y profesional. Así, la formación en habilidades comunicativas dirigida a jóvenes sirve de entrenamiento para su preparación en exámenes orales, presentación de trabajos, presentación de proyectos, entrevistas de trabajo… y, sobre todo, para saber exponer y defender una idea u opinión ante los demás; algo que les ayuda, además, a trabajar su seguridad personal, autoestima y autoconcepto.

Presentar un trabajo ante la clase, dar un tema oral ante el profesor, presentar el proyecto de fin de grado, exponer ideas, debatir en grupo… son situaciones que requieren del arte de hablar en público y requieren del desarrollo de estrategias, habilidades, técnicas y recursos específicos para superar con éxito dicha situación.

Normalmente asociamos comunicación a palabras (lenguaje verbal) y gestos (lenguaje no verbal) y nos esforzamos en mejorar nuestro vocabulario y expresión corporal para comunicar bien, creyendo que serán éstas las únicas herramientas que causen mayor impacto para poder entender nuestro mensaje. Pero ocurre que hay otro elemento importante a la hora de comunicar: nuestras emociones.

Por ello es importante fomentar el desarrollo del autocontrol emocional de los alumnos/as y la capacidad para manifestar y reconocer de forma apropiada las emociones en sí mismos y en los demás.

Debemos tener en cuenta que a los ojos del que escucha somos lo que comunicamos-no somos lo que pensamos que somos-y que antes del lenguaje ya teníamos las emociones.

Nuestras emociones afectan en la comunicación cotidiana de tal forma que son muchas la ocasiones en las que no nos permiten alcanzar los objetivos que nos habíamos propuesto. Es aquí cuando la comunicación deja de ser eficaz. Si a esto le unimos que hablar en público es una de las situaciones más temidas por la mayoría de estudiantes porque se convierten en el centro de atención, deben demostrar una serie de destrezas, se exponen a la crítica de los demás… obtenemos una situación frustrante porque les produce una especie de secuestro de las capacidades que provoca que actúen de acuerdo a estas emociones sin tiempo para evaluar o decidir de forma racional.

El entrenamiento en hablar en público se convierte en el mejor aliado para aprender a detectar estas emociones, analizar cómo les afectan y cómo pueden lidiar con ellas antes de explotar.

Por esta razón, en nuestros talleres, trabajamos en primer lugar la expresividad para centrarnos después en la comunicación.

Nuestro objetivo principal es que los estudiantes, desde el autoconocimiento, superen el miedo a expresarse y pierdan la vergüenza para mejorar sus habilidades comunicativas.

Aprender a comunicar de forma efectiva estando primero seguros de sí mismos y aprender a transmitir y contagiar esta seguridad.

A través de una metodología 100% práctica, aprendemos a centrar la energía en transmitir con la máxima eficacia aquello que queremos contar.

Para entrenar y desarrollar estas capacidades utilizamos técnicas teatrales: el juego, la improvisación, la presencia escénica, la dramatización, storytelling, estrategias de memorización y concentración, la expresión corporal, la danza… para el control de la expresión oral y gestual, gestión de las emociones, la superación de bloqueos, expresar y contagiar una actitud positiva al público…

Utilizamos también dinámicas de grupo que, además, sirven de entrenamiento para adquirir riqueza de vocabulario, generar estrategias de liderazgo, pensar en frío de forma rápida, organizar las ideas y responder de forma inteligente.

Nos centramos en la capacidad de cada alumno/a y analizamos sus fortalezas y debilidades para que aprenda a desarrollar su propio estilo de comunicación. Es importante que no aprendan o se escondan detrás de fórmulas estandarizadas de expresión y comunicación; sino que busquen su propia voz; su propio estilo comunicativo.

Este taller ya ha viajado por Concejalías de Juventud e Institutos de Secundaria y Bchillerato. Lo impartimos en castellano y en valenciano ¿Te apetece organizar uno? Solicita más información en nataliabravo@teatrea.es

Hablar en público: la respuesta está en tus ojos

Lo que más comunica es lo más simple.

Ejercita cada día tus ojos poniéndote frente al espejo. Tu mirada debe aprender a posarse silenciosa y pesadamente sobre el otro, a disimular con velocidad, a aguijonear, a protestar. O a irradiar tanta experiencia y sabiduría que tu prójimo te dé la mano temblando (Walter Serner)

Nunca nos cansaremos de decir que lo importante es la percepción que el púbico se hace de ti, más que el contenido del mensaje y que la audiencia ha de ver a una persona en la que pueden confiar porque está diciendo la verdad (más adelante explicaremos a qué nos referimos cuando hablamos de la verdad).

En esta tarea de mostrar honestidad, la mirada juega un papel muy importante y está claro que al hablar en público, debemos mirar a los ojos de nuestros oyentes.

Muchos asistentes a nuestros cursos y talleres, confunden el contacto visual con mantener la cabeza erguida y hacer barridos con la vista por el público. Esto no es un verdadero contacto visual y si no se contacta con el público poco te van a escuchar. Además, el público puede percibir que no estás diciendo la verdad porque no tienes una mirada sincera.

El verdadero contacto visual implica lograr una conexión con los ojos a los que miras. Esto indica a tus oyentes que les estás prestando atención y te preocupas por lo que están pensando. Un orador que no logra establecer esta conexión, corre el riesgo de convertirse en monótono y poco o nada comunicativo.

Cada vez que miras a alguien, estás manteniendo una breve conversación con esa persona, un intercambio de pensamientos y sensaciones. Hablar en público es lo mismo.

Los buenos oradores están orientados hacia fuera, les preocupa más lo que le sucede a sus oyentes que lo que les sucede a ellos mismos. Se trata, por tanto, de mantener una escucha activa; uno de los pilares de la comunicación.

Aprender a escuchar de verdad y reflejar lo que tus ojos ‘oyen’ te ayuda a ser mejor orador y te liberará de la timidez que provoca la sensación de ser el foco de atención.

Y recuerda que la mirada es importante al hablar en público y también ante la cámara.

Recuerda que la cámara es una máquina que parece radiografiar el alma porque capta todas nuestras emociones, inseguridades y miedos.

Las palabras están llenas de falsedad o de arte, la mirada es el lenguaje del corazón (William Shakespeare)

Hablar en público: problemas relacionados con la voz I

¿Eres de l@s que en algún momento has dicho «No me gusta mi voz»? Antes de nada, decirte que es normal, aunque también te decimos que esto es algo que tenemos que resolver porque la voz forma parte de tu persona, de tu aspecto; se trata de la expresión de tu individualidad, conformada no solo por la suerte genética; también por los años que llevas reaccionando a tu entorno social.

Tu voz es como tu huella dactilar, así que te toca hacer las paces con ella. Una buena forma para comenzar a hacerlo es corrigiendo algunos hábitos vocales…

… y antes de nada nos gustaría que grabaras tu voz durante unos cinco minutos como si estuvieras dando un discurso y tal y como te gustaría pronunciarlo. Después escucha la grabación imaginando que quien está dando el discurso es otra persona. Limítate a escuchar y contesta:

  • ¿Qué parte del discurso es la más importante?
  • ¿Lo has entendido todo?
  • ¿Te has sentido persuadido?
  • ¿Cuáles de estos adjetivos te parece que describen al orador? Sé sincero: Entusiasta, enérgico, aburrido, tímido, alegre, inteligente, monótono, tenso, apático, poco sincero, carismático…

La contestación de estas preguntas deben de servirte para que entiendas que lo más importante de un discurso o de cualquier mensaje, es lo que entiende quien escucha. Debes hablar en todo momento en beneficio de quien escucha.

Y una vez dicho esto, te presentamos algunos problemas relacionados con la voz:

FALTA DE PROYECCIÓN

La gente ha de oírte, atenderte, comprenderte y creerte.

Hablar fuerte y con energía reafirma físicamente nuestra presencia y atrae la atención del público. Recuerda que cuando actúas con fuerza, te sientes más fuerte.

Imagina que estás hablando en un anfiteatro griego sin micrófono o que tu voz tiene que tocar las paredes de la sala en la que estés hablando.

Mucha gente cree que habla muy fuerte cuando en realidad no es así… todo suena distinto en nuestra cabeza. Acostúmbrate a subir la fuerza y la energía y te parecerá normal.

MAL CONTRO DE LA RESPIRACIÓN

La mayoría de los oradores novatos no respiran lo bastante mientras hablan. Temen robarle tiempo al público o, debido a los nervios, se les olvida hacerlo.

Debes parar a respirar pero de forma productiva; es decir, la respiración ha de ser diafragmática. Notarás mejoras en el tono de tu voz y te ayudará a conservar la energía a lo largo de todo el discurso.

Inspira profundamente y luego saca todo el aire. Si se te contrae el estómago o se te levantan los hombros, eres víctima del estilo militar y es una forma de que entre oxígeno a nuestro organismo muy poco efectiva que tiende a crear más tensión que aliviarla.

Inténtalo de nuevo pero colocando la mano encima del estómago y deja que tu abdomen se expanda mientras te llenas de aire y se contraiga al expulsarlo. Los hombros no deben moverse en absoluto.

PAUTA DE INFLEXIÓN DECRECIENTE

Dejar que la energía de una oración decaiga en su parte final. Cuando tus frases comienzan con fuerza pero pierden volumen y claridad antes de que hayas finalizado.

Ante esto, debes concentrarte para hacer que la última palabra de cada frase sea la más importante. Así, conservamos la energía a lo largo de un mismo pensamiento y evitamos la sensación que tendrá el público de que no estás muy interesado en lo que dices.

Como siempre, acostúmbrate a hacerlo aunque al principio te resulte algo forzado.

PAUTA DE INFLEXIÓN CRECIENTE

Elevar el tono de voz al final de cada frase convirtiéndola casi en una pregunta.

Es una pauta al hablar que denota inseguridad y necesidad de afirmación, como si estuvieras pidiendo al público su aprobación; mermando tu autoridad y socavando tu credibilidad.

No hay nada malo en hacer preguntas, siempre que se esto lo que se pretende. Si no es así, es mejor afirmar lo que dices.

Imagina un punto ortográfico muy grande al final de cada frase como truco para evitar subir el tono y convertirlo en pregunta.

FALTA DE RESONANCIA

¿Te has preguntado alguna vez de donde sale tu voz?

Di esta frase: «mi mamá me mima y yo mimo a mi mamá»

Luego finge un bostezo, pero uno de los grandes; es decir, abre tu garganta.

Repite la frase en voz alta comenzando cuando estés todavía bostezando.

¿Dirías que tus palabras fueron más profundas y resonaron más? Si la respuesta es que sí, se debe a que el aire pasó entre tus cuerdas vocales sin encontrar impedimentos.

Repite este ejercicio cinco veces.

Ahora pronuncia la frase intentando mantener la sensación de ‘garganta abierta’. Notarás que tienes que abrir la boca un poco más de lo normal pero si practicas, te acostumbrarás.

Tu voz saldrá con más libertad y más energía-

¿Por qué unir Comunicación y Arte?

Nos dicen que tenemos que ser creativos, que es una característica a valorar en el mercado de trabajo y no digamos ya en un emprendedor, por ejemplo… Pero ¿qué es la creatividad? ¿Es una herramienta, una aptitud…? ¿Nos hacemos creativos o lo somos desde que nacemos? ¿Se puede enseñar a ser creativos o es algo que se aprende?

La creatividad es un concepto tratado desde la antigüedad, pero aún hoy no existe una definición única ni tampoco hay un acuerdo sobre como medirla, ni como se desarrolla o su relación con la inteligencia humana.

Durante casi más de mil años, la creatividad no existió ni en filosofía ni arte. Durante los siguientes mil años, se utilizó solo en teología: Dios era el único creador. La creatividad existía pero el hombre era incapaz de abarcarla. A partir del siglo XIX, el término se incorpora al lenguaje del arte; el artista es un creador y el creador… un artista. A partir del siglo XX, la creatividad se refiere a la novedad de las producciones. Del arte concebido como imitación en el periodo clásico y como expresión en el romántico; pasamos al arte como creación.

En la actualidad estaríamos hablando de creatividad en el sentido de cómo lo aplicamos en el proceso empresarial en el que solo sirven los resultados relevantes y diferentes. Nos dicen que tenemos que dejar nuestra huella, diferenciarnos… ser creativos.

¿Cómo lo conseguimos? ¿Hay alguna asignatura que nos enseñe?

La creatividad no es solo una técnica, también es un arte. Es la combinación de arte y técnica, creatividad y pensamiento productivo; lo que nos exigen para alcanzar objetivos profesionales, empresariales o incluso personales.

Por supuesto, esto es así también en comunicación. La creatividad es sumamente importante en comunicación y nosotros añadimos que desde todas sus perspectivas: desde la más imaginativa en la que inventamos desde la nada utilizando la imaginación, hasta la creatividad como expresión de nuestras personalidad; pasando por su aplicación y resultado en un producto que cubre unos objetivos concretos.

Lo que la sociedad actual nos demanda es que lleguemos a soluciones ‘creativas’, es decir, que pensemos, lleguemos a una idea que sea útil para resolver un problema determinado.

¿Cómo podemos llegar a pensar en soluciones útiles de forma creativa? La creatividad es aquello que ha hecho que el ser humano evolucione, pero no es algo que se adquiera a través de la genética. Nuestros antepasados utilizaron una combinación perfecta de arte y técnica para descubrir el fuego pero nosotros no nacemos sabiendo hacer fuego.

Con la comunicación ocurre lo mismo, todo nuestro organismo está preparado para hablar pero el lenguaje se aprende y la utilización eficaz y correcta de este lenguaje, también.

El arte de hablar es el arte de pensar… y de crear. Y el arte puede y debe ser aprendido, sin olvidar que también son indispensables las capacidades innatas.

Es aquí donde entra en juego la expresión. Otro concepto con muchas acepciones que califican cosas tan diferentes y que, como la creatividad, se utiliza como muletilla o se atribuye a hechos vagos.

Etimológicamente expresión se deriva de exprimere que significa hacer salir presionando. Se trata de un movimiento del interior hacia el exterior, de presionar hacia fuera.

Podemos entender expresión como:

  • el acto por el que abrimos nuestro cuerpo para dejar escapar nuestra propia autenticidad. Equivale al momento de ser uno mismo. Para esto hay que desprenderse y romper esquemas (sobre todo hay que romper el esquema del miedo), dejar de lado la razón y permitir que nuestro cerebro emocional actúe sin ningún tipo de censura.
  • liberación del ser humano automático y robotizado, oponiendo frente a la mente reproductora, la mente creadora inventiva; frente al cuerpo habituado y rutinario, el cuerpo desinhibido y frente a la expresión pautada, la expresión total.
  • creación. La creatividad es básicamente expresión. La buena noticia es que todos somos creativos en todo momento y en todo lugar (aunque existen diferentes niveles y aptitudes creativos).
  • comunicación. La expresión adquiere toda su entidad cuando se convierte en acto social.

La expresión, como el arte, surge de la dialéctica entre creatividad y técnica, entre la espontaneidad y la regla; siendo la técnica quien traduce las ideas y sentimientos con eficacia y sinceridad y la espontaneidad como la respuesta adecuada a una nueva situación o una nueva respuesta a una situación antigua.

Para poder inventar libremente hay que ponerse barreras. U. Eco

De la misma forma que en la expresión verbal, en la comunicación oral y escrita, necesitamos la inventiva, esa ‘inventio’ de la retórica aristotélica; pero también necesitamos nuestra intuición. Y ya que estamos con Aristóteles, diremos que las condiciones aristotélicas para que el arte se haga posible son conocimiento (teórico y adquirido mediante la experiencia), capacidades innatas y eficiencia.

¿Cómo se consigue? Con la práctica. Para Aristóteles , el ejercicio es esencial: el arte puede y debe ser aprendido, siendo también indispensables las capacidades innatas.

«No pienses. Pensar es el enemigo de la creatividad. Es auto consciente, y cualquier cosa auto consciente es terrible. No debes intentar hacer cosas. Simplemente debes hacerlas». Ray Bradbury

Y es por todo esto, que desde Teatrea abordamos el aprendizaje de la comunicación en toda su complejidad, porque la comunicación es una arte y una técnica cuya combinación debe perseguir unos objetivos concretos. Dicho de otro modo, para alcanzar los objetivos que todo acto comunicativo debe perseguir, son necesarios el pensamiento productivo y el creativo.

¿Cómo lo hacemos? Para llevar a cabo una comunicación efectiva, necesitamos aprender la técnicas, las reglas, ejercitarnos, desarrollar el arte de pensar, activar la imaginación… y qué mejor que las artes escénicas y sus técnicas para lograrlo. El teatro, la danza, la improvisación, la expresión corporal… nos ayudan a conectar con nuestros impulsos, activar nuestra imaginación, proyectar, nos proporciona disciplina corporal, facilita la expresión…

En la actuación es esencial la imaginación y la creación. Actuar sin utilizar la imaginación es imposible. Sólo se puede actuar siendo portado por la imaginación que nos puede llevar a ser seres libres (sin bloqueos) y desarrollar todo nuestro potencial creador.

El gran orador Cicerón dijo que al hablar de un orador, lo hacía como si hablara de un actor; de hecho, utilizaba técnicas actorales proporcionadas por actores famosos de la época como Roscio o Esopo.

«El escritor debería de ser en la medida de los posible, un actor ya que las personas más persuasivas y conmovedoras son las que se encuentran bajo la influencia de la verdadera pasión». Aristóteles

Los actores/actrices saben cómo dejar huella, cómo hablar con naturalidad y fuerza aunque estén pronunciando palabras de otra persona. Saben cómo proyectar una personalidad, liberar el poder de la imaginación; cómo mantener la calma aunque hayan cientos de ojos mirando. Conocen técnicas vocales y físicas para maximizar sus dotes comunicativas y conectar con la audiencia.

Un actor sabe que la confianza en uno mismo y la capacidad de comunicación se obtiene con la práctica.

Desde Teatrea sabemos que con el dominio de las habilidades dramáticas sacarás al mejor comunicador que llevas dentro, serás capaz de transmitir un mensaje convincente con energía y confianza.

Hablar es un arte y te proponemos aprenderlo a través del arte.

El músculo que no se ejercita se atrofia, por eso hay gente que nos e acuerda de reír. Ocurre lo mismo con el cerebro: quien no repasa, renueva, juega con sus pensamientos, costumbres… pierde la agilidad para adaptarse a este mundo tan cambiante. Además de perder el placer de crear, el gozo de vivir y de compartirlo.

Descubre nuestros talleres y cursos en el apartado de FORMACIÓN y si tienes cualquier duda o deseas más información ¡contacta! nataliabravo@teatrea.es

«La creatividad es contagiosa, pásala»-Albert Eisntein