En los gimnasios he aprendido mucho sobre comunicación

El filósofo William James decía ‘No canto porque estoy feliz; estoy feliz porque canto’, una bonita forma de decir que la ACCIÓN influye en el estado de ánimo. 

Hace ya años que fui por primera vez a un gimnasio y lo hice porque me di cuenta de que me faltaba el aire cuando subía las escaleras. Al cabo de tres meses mi cuerpo ya había cambiado y no solo eso; empecé a ser consciente de que yo tenía la capacidad de controlar mi cuerpo y moldearlo. Aquí empezó el camino de mi empoderamiento, camino lago y de conquista de mi propia estima. Entender la palabra empoderamiento en cualquiera de sus acepciones, como verbo castellano que significa hecho de tener poder, o como el nuevo significado, calco del inglés, de hacer fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido o la acepción que más me gusta: una persona con un sentimiento íntimo de seguridad en sí misma, adopta una estrategia vital en la que es la protagonista de sus éxitos o fracasos y abandona roles de sumisión a los demás.

Las disciplinas deportivas, así como las artísticas, son el claro ejemplo de que cualquier habilidad no se enseña, se aprende. Es muy fácil decir lo que hay que hacer o dar consejos pero casi nunca funciona de la misma forma que cuando lo hace uno mismo. Por mucho que el entrenador te diga como hacer un burpi perfecto, hasta que no lo haces, lo repites y lo interiorizas, no conseguirás que sea perfecto, es decir; EFICIENTE y coherente con el objetivo que te has propuesto.

Esta cuarentena, desprovista de gimnasio, me he aficionado al body combat, esa mezcla de música, coreografía y artes marciales que genera adicción, tengo que admitirlo, no solo por la adrenalina; también porque gracias a la coordinación cuerpo-música (y dar patadas y puñetazos) he descubierto que mi cuerpo tenía más espacio de almacenamiento de la energía del que yo pensaba; de forma que cuando ya no podía más, salía de mí nueva FUERZA, y no solo de mis músculos. 

Imaginad que se acerca a vosotros un zombi hambriento de carne humana viva, lo tenéis ya encima. Le daréis una patada o un puñetazo como reacción al miedo. Al aprender una disciplina deportiva aprendemos la técnica que nos permite controlar el cuerpo y saber qué partes y músculos de nuestro cuerpo involucramos para dar una patada, aprendemos a que ese movimiento no sea una reacción automática e inconsciente al miedo y que sea útil para conseguir nuestro objetivo… neutralizar al zombi. 

Para mí, FORMAR en habilidades es TRANS-FORMAR; como lo que conseguimos en el gimnasio si hacemos caso al monitor, claro.

COMUNICAR no es hablar como una reacción automática; de hecho, no es hablar sin más como lo que hacemos en nuestra vida cotidiana. ✔️Es tener claro con qué objetivo estamos lanzando nuestro mensaje

✔️Es tener presente siempre ¿qué quiero que haga, piense y sienta mi audiencia con mi mensaje? 

✔️Es técnica que nos permite controlar el cuerpo para involucrarlo en aquello que estamos diciendo y así, conseguir ‘estar presentes’, tener presencia, es decir, fuerza, poder, credibilidad…

✔️Es saber que tenemos energía guardada en nuestro cuerpo y que tenemos que ponerla al servicio del menaje porque la energía nos convierte en comunicadores dinámicos, vivos. 

✔️Es una actividad física y corporal, no es sólo intelectual. Comunicar no es traspasar información a través de la boca. Lo que más comunica es nuestra actitud y esta reside en el cuerpo, gestos y expresividad. 

Esta es mi fórmula:

ACCIÓN + TÉCNICA + CONTROL + PODER= AUTOCONFIANZA

Y todo esto se aprende como en el gimnasio: mezclando la técnica con lo lúdico y teniendo presente siempre que trabajar en nosotros mismos y nuestras habilidades, en nuestra energía y actitud; al final genera autoconfianza para ser capaz de comunicar en cualquier situación y contexto ya sea personal o profesional porque no hay ningún momento del día en el que no comuniquemos ¿verdad?

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