Hablar en público: problemas relacionados con la voz I

¿Eres de l@s que en algún momento has dicho «No me gusta mi voz»? Antes de nada, decirte que es normal, aunque también te decimos que esto es algo que tenemos que resolver porque la voz forma parte de tu persona, de tu aspecto; se trata de la expresión de tu individualidad, conformada no solo por la suerte genética; también por los años que llevas reaccionando a tu entorno social.

Tu voz es como tu huella dactilar, así que te toca hacer las paces con ella. Una buena forma para comenzar a hacerlo es corrigiendo algunos hábitos vocales…

… y antes de nada nos gustaría que grabaras tu voz durante unos cinco minutos como si estuvieras dando un discurso y tal y como te gustaría pronunciarlo. Después escucha la grabación imaginando que quien está dando el discurso es otra persona. Limítate a escuchar y contesta:

  • ¿Qué parte del discurso es la más importante?
  • ¿Lo has entendido todo?
  • ¿Te has sentido persuadido?
  • ¿Cuáles de estos adjetivos te parece que describen al orador? Sé sincero: Entusiasta, enérgico, aburrido, tímido, alegre, inteligente, monótono, tenso, apático, poco sincero, carismático…

La contestación de estas preguntas deben de servirte para que entiendas que lo más importante de un discurso o de cualquier mensaje, es lo que entiende quien escucha. Debes hablar en todo momento en beneficio de quien escucha.

Y una vez dicho esto, te presentamos algunos problemas relacionados con la voz:

FALTA DE PROYECCIÓN

La gente ha de oírte, atenderte, comprenderte y creerte.

Hablar fuerte y con energía reafirma físicamente nuestra presencia y atrae la atención del público. Recuerda que cuando actúas con fuerza, te sientes más fuerte.

Imagina que estás hablando en un anfiteatro griego sin micrófono o que tu voz tiene que tocar las paredes de la sala en la que estés hablando.

Mucha gente cree que habla muy fuerte cuando en realidad no es así… todo suena distinto en nuestra cabeza. Acostúmbrate a subir la fuerza y la energía y te parecerá normal.

MAL CONTRO DE LA RESPIRACIÓN

La mayoría de los oradores novatos no respiran lo bastante mientras hablan. Temen robarle tiempo al público o, debido a los nervios, se les olvida hacerlo.

Debes parar a respirar pero de forma productiva; es decir, la respiración ha de ser diafragmática. Notarás mejoras en el tono de tu voz y te ayudará a conservar la energía a lo largo de todo el discurso.

Inspira profundamente y luego saca todo el aire. Si se te contrae el estómago o se te levantan los hombros, eres víctima del estilo militar y es una forma de que entre oxígeno a nuestro organismo muy poco efectiva que tiende a crear más tensión que aliviarla.

Inténtalo de nuevo pero colocando la mano encima del estómago y deja que tu abdomen se expanda mientras te llenas de aire y se contraiga al expulsarlo. Los hombros no deben moverse en absoluto.

PAUTA DE INFLEXIÓN DECRECIENTE

Dejar que la energía de una oración decaiga en su parte final. Cuando tus frases comienzan con fuerza pero pierden volumen y claridad antes de que hayas finalizado.

Ante esto, debes concentrarte para hacer que la última palabra de cada frase sea la más importante. Así, conservamos la energía a lo largo de un mismo pensamiento y evitamos la sensación que tendrá el público de que no estás muy interesado en lo que dices.

Como siempre, acostúmbrate a hacerlo aunque al principio te resulte algo forzado.

PAUTA DE INFLEXIÓN CRECIENTE

Elevar el tono de voz al final de cada frase convirtiéndola casi en una pregunta.

Es una pauta al hablar que denota inseguridad y necesidad de afirmación, como si estuvieras pidiendo al público su aprobación; mermando tu autoridad y socavando tu credibilidad.

No hay nada malo en hacer preguntas, siempre que se esto lo que se pretende. Si no es así, es mejor afirmar lo que dices.

Imagina un punto ortográfico muy grande al final de cada frase como truco para evitar subir el tono y convertirlo en pregunta.

FALTA DE RESONANCIA

¿Te has preguntado alguna vez de donde sale tu voz?

Di esta frase: «mi mamá me mima y yo mimo a mi mamá»

Luego finge un bostezo, pero uno de los grandes; es decir, abre tu garganta.

Repite la frase en voz alta comenzando cuando estés todavía bostezando.

¿Dirías que tus palabras fueron más profundas y resonaron más? Si la respuesta es que sí, se debe a que el aire pasó entre tus cuerdas vocales sin encontrar impedimentos.

Repite este ejercicio cinco veces.

Ahora pronuncia la frase intentando mantener la sensación de ‘garganta abierta’. Notarás que tienes que abrir la boca un poco más de lo normal pero si practicas, te acostumbrarás.

Tu voz saldrá con más libertad y más energía-

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