¿ORATORIA EN EL SIGLO XXI?

En ocasiones nos han aconsejado que cambiemos el nombre de oratoria, retórica… por otras más modernas, actuales… más del siglo XXI. Reconocemos que han sido muchas las veces que hemos sucumbido a esta tentación y hemos buscado y rebuscado palabras entre el vocabulario de la lengua inglesa, hemos intentado construir con raíces de allí y de allá algún neologismo; incluso hemos querido ser más millennials… pero siempre llegamos a la misma conclusión: la palabra correcta que define gran parte de nuestro trabajo en materia de comunicación, es Oratoria; es decir, la aplicación práctica de la teoría retórica. Palabras que llevan circulando más de dos mil años deben de ser las correctas ¿no? De todos modos, lo vintage también se lleva; así que nos declaramos totalmente vintage y pasamos de las neoetiquetas, a veces, fabricadas con humo.

Nos gusta lo vintage… 😉

Vamos a situarnos un poco. La retórica es una disciplina transversal (no solo de gente de letras) a distintos campos de conocimiento que se ocupa de estudiar y de sistematizar procedimientos y técnicas de utilización del lenguaje, puestos al servicio de una finalidad persuasiva o estética, añadida a su finalidad comunicativa.

Es el famoso arte de dar al  lenguaje escrito o hablado la eficacia necesaria para deleitar, persuadir o conmover. 

La retórica es la capacidad de defender por medio del discurso público una opinión propia, intentando influir así en la forma de pensar y de actuar de los demás, provocando una reflexión en quien nos escucha y así construir en cabeza ajena el edificio que queremos llevar a término, para que llegue, en definitiva, a las conclusiones que previamente hemos previsto. La retórica también contempla entre sus recursos comunicativos el diseño de las argumentaciones emotivas, de las razones del corazón con el mismo objetivo persuasivo. Todo ello debe lograr presentar nuestra postura y a nosotros mismos como algo apropiado, agradable y atractivo, debiendo ser sugerentes, simpáticos y amables al presentar nuestras ideas, con el fin de que sean fácilmente aceptadas por los demás.

La oratoria sería algo así como la aplicación de la retórica; es el arte de hablar con elocuencia y con propósito persuasivo. Esta finalidad de persuadir al destinatario es lo que diferencia la oratoria de otros procesos comunicativos orales. Del mismo modo que la finalidad de la didáctica es enseñar y la de la poética deleitar, lo que pretende la oratoria es convencer de algo.

Los buenos oradores deberían ser capaces de cambiar las emociones de sus oyentes, de mover, de motivar… y no sólo informar.

Y es que la oratoria es una poderosa herramienta para motivar, convencer, influir, entretener… y, por tanto, cumple con uno de los elementos más importantes de la comunicación que es saber situarnos en el otro, pensar en todo momento en el público, en el receptor y no atender solo a nuestro ego; porque lo realmente importante es conseguir nuestro propósito, nuestro objetivo: convencer, entretener, motivar… y no hablar por hablar.

Os contaremos algo, uno de los autores actuales más carismáticos del mundo es Jay Heinrichs. Trabajó durante casi treinta años como escritor, editor de revistas y ejecutivo del sector de la edición y en la actualidad se dedica a actualizar los principios de la retórica, imparte charlas y conferencias en todo tipo de empresas e instituciones y es profesor de Retórica y Oratoria en el Middlebury College.

En sus libros, Jay Heinrichs, no solo emplea, sin artificios, las palabras retórica, oratoria… además, y con un sentido del humor bastante fino; nos habla de los conceptos introducidos por Aristóteles en su terminología griega: kairos, ethos, pathos… Siendo norteamericano podría haber sustituido estas palabras por otras más cool,pero no ha sido así… quizás esté buscando el efecto vintage. Sea como sea, es uno de los autores que nosotros seguimos de cerca y aplicamos en nuestras clases.

Como discutir con tu gato

En sus libros, nos enseña a dialogar, a debatir, a conversar. A discutir sin ira y sin frustraciones. ¿No es esto lo deseable en todos los campos de esta vida?

La oratoria nos enseña el dominio de la expresión oral, que resulta fundamental para poder desarrollar el resto de destrezas lingüísticas, tales como la expresión escrita e incluso la gramática. ‘Pero es que yo soy de ciencias, soy un técnico, soy ingeniero… no me hace falta’ ¿Lo dices en serio?

La oratoria no solo nos enseña a hablar bien, el poder de la oratoria es inmenso y ya hemos dicho al principio que es una competencia transversal; saber expresarse es una habilidad y una herramienta básica en el desempeño profesional en cualquier sector.

La oratoria presenta beneficios como por ejemplo el tener más autoconfianza y seguridad. Superar los miedos e inseguridades que nos provoca hablar en público hace crecer la confianza en uno mismo. Nos demuestra, además, que podemos enfrentarnos a nuestros miedos y vencerlos. Y, a medida que notemos esta mejora, la seguridad aumentará y también la satisfacción personal.

Los oradores, los comunicadores, se hacen; no nacen. Y a nosotros esto nos encanta porque quiere decir que podemos trabajar con vosotros este arte de hablar con elocuencia y eficacia.

Para nosotros es, además, muy importante la Oratoria en los más jóvenes, en ellos reside el futuro y queremos un futuro lleno de personas capaces de defender sus ideas con eficacia y con total empatía y respeto.

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